La Virgen de la Montaña, de Antonio Hurtado.


Fragmentos

[Canto del peregrino]


La Virgen que yo adoro
santa y bendita,
entre breñas y riscos
tiene su ermita.
Y en la alta loma,
parece el casto nido
de una paloma

[Lo que dicen las flores]


Recibe nuestra ofrenda,
casta paloma,
que Dios para servirte
nos da el aroma.
Bendita esencia,
que así perfuma el vaso
de tu inocencia

[Lo que dicen las aves]


Para ensalzar tu gloria
con blandos trinos,
Dios hace que cantemos
sones divinos;
que en raudo vuelo
a aprenderlos subirnos
cerca del ciclo.


[Lo que dice el río]


Yo cumpliendo las leyes
de mi destino,
bordo con plata y perlas
tu pie divino,
y transparente
vengo a ser el espejo
de tu alba frente.

[Lo que dice el viajero]


Llévame, Virgen mía
de la Montaña,
al hogar sosegado
de mi cabaña;
donde me espera
llena de sobresalto
la compañera.

[Lo que dicen los labradores]


Nada importa la pena,
nada el quebranto,
si la Virgen me acoge
bajo su manto:
nada me daña
si me ampara la Virgen
de la Montaña

[El soldado que se marcha a la guerra]


Por la encrespada cima
de Miravete
reluce de un soldado
limpio el mosquete.
¿Qué es lo que mira,
que llorando de pena
reza y suspira?


Es que a la luz que vierte
tibios reflejos
aun divisa la ermita
lejos, muy lejos.
¡Ay! no se engaña:
la ermita es de la Virgen
de la Montaña.