Juan
Meléndez Valdés.
Ribera
del Fresno, 1754-Montpellier, 1817.
Juan
Meléndez Valdés nació en Ribera del Fresno (Badajoz), el
11 de marzo de 1754, aunque pronto se trasladó con su familia a Almendralejo,
localidad en la que ya se encontraban en 1757. Cuatro años más
tarde muere su madre y en 1767 viaja a Madrid para cursar estudios de filosofía
y griego. En 1772, al concluirlos, se marcha a Salamanca, donde estudia derecho.
En un corto período de tiempo pierde a su padre (1774) y a su hermano
Esteban (1777), con el que había estado muy unido.
En 1785, después
de haber obtenido varios premios de gran renombre, aparece la primera
edición de las Poesías de Meléndez
Valdés. En 1789 se traslada a Zaragoza, donde ejerce como juez
de Audiencia, y posteriormente a Valladolid. Son éstos los
años en que se desarrollan más intensamente las ideas
ilustradas de nuestro autor, y donde estrecha los lazos de amistad
con los más ilustres escritores y pensadores de la época,
como José Cadalso y Jovellanos.
Esta evolución se puede apreciar en los discursos y textos que
elabora en su trabajo como fiscal, en los que encontramos una actitud
inusualmente comprensiva hacia las circunstancias de los inculpados,
a los que muchas veces considera simples víctimas de la
sociedad. Sus ideas probablemente también fueron la causa de
las persecuciones políticas que sufrió, que incluyeron
su destierro y la pérdida de su puesto de fiscal; sólo
la intervención personal de Manuel Godoy restituyó a
Valdés residencia y trabajo.
Con
la subida al trono de José Bonaparte los cargos oficiales le llueven
a Valdés, cada uno de ellos más importante que el anterior. Llega
a ser Consejero de Estado del nuevo monarca. Es la época en la que ingresa
también en la Real Academia Española de la Lengua. Sin embargo,
su suerte va unida a la del rey, y cuando éste tiene que marcharse de
España, también lo hace nuestro poeta, quien muere en el exilio
francés en 1817, en Montpellier.
Si los primeros
poetas españoles del siglo XVIII se mantuvieron todavía
en la estela de los poetas barrocos, los nacidos hacia la mitad del
siglo tratarán de aclimatar en España una poesía
específicamente neoclásica.
El calificativo de
neoclásicos lo reciben estos autores por su reivindicación
de la sencillez del arte clásico latino en oposición
al recargado del Barroco español, que empieza a ser
aborrecido. Sin embargo, las fuentes de las que beben estos poetas no
son tanto las de la literatura de Horacio o Anacreonte como las de
Garcilaso de la Vega, la poesía popular y, en lo que se
refiere a la literatura clásica, la aclimatación que de
ella habían hecho los autores franceses.
Junto
a Nicolás Fernández de Moratín o a José Cadalso
fue el extremeño de Ribera del Fresno Juan Meléndez Valdés
(Batilo era su pseudónimo) probablemente el poeta de más
renombre e influencia de entre los que conformaron este grupo. Las siguientes
líneas fueron escritas por una señora en la sección que
hoy llamaríamos cartas al director del Diario de Madrid,
en 1802; es decir, a principios del siglo XIX:
Mis libros principalmente son
de poesía, de la que tengo los mejores autores, entre ellos el
príncipe de todos, el gran BATILO, cuyos tres tomitos valen
muchos millones; otros modernos hay sin duda de mucho mérito.
Pero si yo puedo dar voto, ninguno tiene la expresión, la
naturalidad, la gracia, dulzura, entusiasmo y estilo, de modo que
ésta hará época en los anales del Parnaso, así
como don Leandro de Moratín lo hará también por
lo dramático.
Los temas que
trataron estos poetas fueron muchos, pero los más relevantes
fueron las novedades científicas y filosóficas,
las ideas de reforma social, el ideal de
fraternidad universal y la vida pastoril y
los placeres.
La llamada poesía
anacreóntica es la que trata el último tema mencionado;
en la obra de Meléndez Valdés podemos encontrar
numerosos textos en los que se elogian los placeres, el vino, la
amistad, junto con otros de carácter bucólico y
pastoril, como el carpe diem. Tanto unos como
otros provienen de la tradición clásica que el poeta
extremeño sí conocía magníficamente.