La novela romántica
La historia de la
novela a lo largo de todo el S.XIX es muy cambiante y sufre
constantemente la censura. A principios de siglo se traducen muchas
obras extranjeras y se producen algunas originales, si bien todas
ellas tienen que pasar la ya citada censura. Hacia 1830 aparecen las
primeras novelas históricas y hacia 1868 considera la crítica
que nace la novela moderna. Hasta esta fecha, a los autores les
resulta extremadamente difícil reanudar la tradición
novelística que tanto había decrecido durante el s.
XVIII. Por lo tanto, novelistas y editores parten casi de cero,
improvisando nuevos mundos fantásticos y técnicas
narrativas. Los cuadros de costumbres, por su parte, constituyeron un
género de gran difusión, a mitad de camino entre lo
narrativo y lo ensayístico, e incidieron en gran medida en
este proceso creador de la narrativa decimonónica.
Destacan
sobremanera una serie de breves narraciones del gran romántico
retardado, Gustavo Adolfo Bécquer (1836-70), en las que se
muestra influido por el nuevo género de los misterios, de
origen francés; nos referimos, claro está, a sus
Leyendas (1871). En efecto, un clima misterioso de aparecidos
y seres fantasmales sirve de marco a Maese Pérez el
organista o El monte de las ánimas. En El rayo
de luna, por ejemplo, la búsqueda de una mujer fantasmal,
inexistente, conduce a don Manrique a la locura; o en Los ojos
verdes, una mujer misteriosa, ondina del bosque, arrastra a la
muerte al desdichado caballero que pretende conquistar su amor.
Algunos de los
autores románticos extremeños también
escribieron novelas románticas. Como concesión a la
moda del momento escribió José de
Espronceda (1808-42), la novela histórica Sancho
Saldaña o el castellano de Cuéllar (1834).
La gran poetisa
026Carolina Coronado (1820-1911), escribió
diversas novelas, entre las que destacamos Jarilla (1850), que
apareció por capítulos en la famosa publicación
de la época el Semanario Pintoresco. También a
la autora pacense pertenece La Sigea (1854), novela en
la que propugna la unión ibérica y aprovecha los dulces
paisajes portugueses como marco frecuente.
Uno de los
prolíficos novelistas extremeños del Romanticismo es
Vicente Barrantes (1829-98). Nacido en la
capital pacense, el escritor, académico, bibliófilo y
cronista de Extremadura ocupará siempre un puesto clave en la
relación de personas que se han esforzado por confeccionar la
historia de la cultura extremeña. Como narrador,
Vicente Barrantes compuso dos novelas
pertenecientes al género histórico, tan de moda en su
época: Juan de Padilla (1856), con la que se
propuso demostrar que el famoso comunero fue un héroe
ficticio; y La viuda de Padilla (1857), con la que se acercó
al mismo tema y con el mismo título que anteriormente Martínez
de la Rosa había llevado al teatro. Sin embargo, su novela de
más éxito fue Siempre tarde (1852), que
rezuma la problemática vivida entonces por los extremeños.
En una especie de prólogo, Barrantes
explica su visión amarga del mundo, que contempla con ojos
cargados de pesimismo. El bien siempre llega tarde, repite este
romántico nada convencional que era entonces nuestro paisano.
Un estilo cuidado, lleno de castizas expresiones, con gotas de humor
negro, le dan notable calidad a esta obra, que podríamos
encuadrar en la novela de folletín, en transición hacia
el Realismo.
Por último,
gran renombre como novelista tiene el escritor y político
cacereño Antonio Hurtado Valhondo
(1824-78). Entre su producción destacamos
Corte y Cortijo (1870).
A.S.S. /
F.E.S.S.