Ilustración
Durante el siglo XVIII se
produce en toda Europa un importantísimo cambio en las ideas
filosóficas, políticas y sociales que,
lógicamente, también afectó a las artes.
Globalmente conocemos este movimiento cultural e ideológico que
nació en Francia con el nombre de Ilustración, y tuvo en
España representantes de gran talla intelectual, entre los que
hay que citar, como político reformista, a Gaspar Melchor de
Jovellanos, como literato crítico, a Fray Benito Feijoo, y a
Francisco de Goya como intelectual destacado, además de como
pintor brillantísimo.
La característica más relevante
del movimiento ilustrado fue la importancia que dio al racionalismo por
encima de la religión, la tradición o la cultura antigua.
Sobre todo, se opusieron a las supersticiones populares, al poder
despótico y al terror inquisitorial.
Reclamaron también los ilustrados que la razón
debía aplicarse a todos los ámbitos de la vida, desde las
obras públicas a la organización política, desde
las artes hasta las relaciones de pareja, con la finalidad de conseguir
un mayor progreso de las naciones y una mayor felicidad de las
personas.
Entre los logros culturales de
la Ilustración hemos de citar, en Europa, la Enciclopedia
Francesa (1751) apadrinada por Diderot, en cuya redacción
participaron los más notables escritores y pensadores del
momento. Esta obra, de carácter racionalista,
antitradicionalista y deísta provocó virulentas
reacciones en todo el continente, pero muy particularmente en
España, puesto que algunos de los artículos recogidos en
la enciclopedia eran expresamente antiespañoles (no olvidemos que España había
sido la nación europea más poderosa durante los dos
siglos anteriores, y aliada fidelísima del Vaticano en la
defensa de la religión católica).
El emeritense Juan Pablo
Forner fue uno de los intelectuales españoles que con
más violencia atacó a los ilustrados franceses, a los que
consideraba poco rigurosos en sus planteamientos; a ellos se
refirió con tremenda dureza:
Infelizmente hemos nacido en una edad que, dándose a sí misma el magnífico título de filosófica, apenas conoce la rectitud en los modos de pensar y juzgar. Vivimos en el siglo de los oráculos. La audaz y vana verbosidad de una tropa de sofistas ultramontanos, que han introducido el nuevo y cómodo arte de hablar de todo por su capricho, de tal suerte ha ganado la inclinación del servil rebaño de los escritores comunes, que apenas se ven ya sino infelices remedadores de aquella despótica resolución con que, poco doctos en lo íntimo de las ciencias, hablaron de todas antojadizamente los Rousseaus, los Voltaires y los Helvecios.
En
lo que se refiere a España, la Ilustración nos ha legado
numerosas instituciones de carácter cultural, que hoy nos
parecen fundamentales. Entre otras, fueron creadas en el siglo XVIII la
Real Academia Española de la Lengua, que publicó a lo
largo del siglo seis tomos del Diccionario de Autoridades, un Vocabulario
y una Gramática, la Real Academia de la Historia y la
hoy llamada Biblioteca Nacional.Los ilustrados depositaron tanta confianza en
el progreso, en la técnica y en la ciencia, que estos asuntos
llegaron incluso a aparecer como temas de muchos textos
literarios; de ahí que el gusto moderno a veces
haya menospreciado la literatura de este siglo, precisamente por
considerarla poco literaria. Sin embargo, este tópico,
muy extendido, no nos deja ver la extraordinaria diversidad de la
literatura dieciochesca, que no se limita, ni con mucho, a estos temas
que acabamos de mencionar.
Los autores extremeños
tuvieron a lo largo de este siglo un papel muy especial, si bien, en su
mayoría, lejos de Extremadura. Ya hemos mencionado a Forner, polemista que, de alguna manera, encarna
uno de los rasgos más característicos de la
Ilustración española, más dada, a veces, a
discutir que a razonar. En literatura, Meléndez
Valdés fue el centro de todo un grupo de poetas, que
conformaron la llamada Escuela Salmantina; por su parte, Vicente García de la Huerta,
además de fecundísimo poeta, protagonizó uno de
los grandes intentos del teatro neoclásico, el de crear una
tragedia que recogiera la enseñanza de los autores
clásicos, pero cuyo tema fuera nacional. Su obra más
importante, Raquel, fue motivo de
fortísimas polémicas sobre la posibilidad de tal
aclimatación.
F.E.S.S. /
A.S.S. / F.L.A.M.