Vicente García de la Huerta.
Zafra, 1734-Madrid, 1787.
Vicente
García de la Huerta nació en Zafra, de padres que poseían
una cierta nobleza. Cuando apenas cuenta tres años se desplaza con su
familia hasta Aranda de Duero, localidad en la que viven durante diez años,
al cabo de los cuales la familia se traslada a Madrid, pero esta vez sin Vicente,
que se marcha a Salamanca a estudiar. En 1757 contrae matrimonio en la capital
de España con Gertrudis Carrera, joven salmantina; se inicia en este
momento el período de mayor prestigio social de García de la Huerta
(le nombran archivero del Duque de Alba, miembro de las Academias de la Historia
y de San Fernando, entre otros cargos) y uno de los de más fecunda producción
literaria; es la época en que escribe, entre otros, su Endimión
o la Égloga Piscatoria.
En 1766 se inicia un decenio de gran dureza en la vida
del autor segedano, marcado por el enfrentamiento con el conde de Aranda, presidente
del Consejo de Castilla. Sus posibles relaciones con la mujer de García
de la Huerta, así como unas coplas difamatorias dirigidas contra Aranda
que éste atribuyó al poeta- motivaron su destierro de la
Corte; dos años más tarde, y como consecuencia de un nuevo texto
contra el conde esta vez de carácter político-, García
de la Huerta es recluido en el Peñón y posteriormente desterrado
a Orán, ciudad en la que escribió y estrenó su Raquel.
Cuando
en 1777 el conde de Floridablanca sustituye al de Aranda, se le levanta el destierro
a García de la Huerta. Regresa a Madrid, donde se reintegra a su antiguo
trabajo como bibliotecario de la Biblioteca Real. Estrena Raquel
(1788), al tiempo que se enfrenta a numerosos escritores. Es probablemente ésta
su época de más intensa producción literaria, caracterizada,
sobre todo, por su encendida defensa de la tradición española
frente a la influencia creciente de la literatura y cultura francesas. Falleció
en Madrid, el 12 de marzo de 1787.
En la actualidad García
de la Huerta es apreciado, sobre todo, por su teatro; su poesía, sin
embargo, también merece algún interés. Cronológicamente,
la poesía española específicamente neoclásica es
muy tardía, puesto que durante la primera mitad del siglo lo único
que encontramos son pervivencias de la lírica barroca; en algunos casos
se trata de torpes imitaciones de Góngora, Quevedo o Lope de Vega, pero,
en otros, podemos intuir el intento de algunos poetas de ir aclimatando la lírica
de los grandes autores del siglo XVII a una nueva realidad y un nuevo concepto
de la literatura.
Este
último es probablemente el caso de Vicente García de la Huerta.
En su extensa producción poética podemos encontrar numerosos poemas
amorosos, bastantes conmemorativos, un largo romance morisco
(que el propio autor califica de Imitación de D. Luis de Góngora)
y un poema titulado Endimión, que está
a mitad de camino de lo heroico y lo pastoril. No es, por lo tanto, un mero
imitador de los autores barrocos, pero su poesía todavía está
muy lejos de lo que más tarde sería la neoclásica.
Vicente
García de la Huerta fue uno de los dramaturgos neoclásicos que
más eco obtuvo en su época, sobre todo con su tragedia Raquel,
obra que desató en su momento una encendida polémica y que todavía
hoy es objeto de discusiones. La obra trata sobre los amores del rey Alfonso
VIII con una mujer judía, Raquel. El tema debía tener una gran
fuerza dramática, porque ya había sido tratado el siglo anterior
por dramaturgos como Lope de Vega y Mira de Amescua. A García de la Huerta
el asunto le sirvió para presentar y defender una visión de la
monarquía de carácter antiabsolutista.
La obra se estrenó
originariamente en Orán en 1772, durante el destierro de su autor, pero
fue su reestreno en Madrid, en 1778, el que provocó el entusiasmo del
público. La trama argumental de la obra nos presenta los amores del rey
Alfonso VIII con la hermosa Raquel, judía de Toledo, mujer ambiciosa
que provoca una serie de desórdenes políticos. Las ideas antiabsolutistas
son expresadas fundamentalmente por uno de los personajes, Hernán García,
quien denuncia la situación de opresión causada por Raquel; esto
le lleva a enfrentarse con Garcerán Manrique, ricohombre que estima que
el rey es intocable y su poder absoluto. Finalmente, pueblo y nobleza se alían
para defender el reino y, en ausencia del monarca, Rubén, consejero de
Raquel, la da muerte. Al regreso del rey, es ajusticiado Rubén.
Los
estudiosos de la obra de García de la Huerta piensan que se sirvió
de esta historia para referirse a sucesos muy cercanos en el tiempo, como los
del Motín de Esquilache. Se trataría esencialmente del mismo problema:
pueblo y nobleza aliados para luchar contra la influencia que ejerce sobre el
rey un extranjero (el ministro Esquilache o la judía Raquel), de modo
que se pueda apreciar el peligro que supone una rebelión del pueblo y
las ventajas indudables en opinión de García de la Huerta-
de que el monarca se apoye en la alta nobleza española.
Desde el punto de vista formal,
la obra se atiene a los principios de la poética teatral del Neoclasicismo:
respeto de las unidades de lugar, tiempo y espacio, empleo de un único
tipo de estrofa (en este caso el romance endecasílabo) y supresión
de la figura del gracioso. Sin embargo, desde el punto de vista temático,
se trata de una obra muy próxima a las que habían sido habituales
en el siglo anterior en España. Así lo explicaba Menéndez
y Pelayo:
En el fondo era una comedia heroica ni más ni menos que las de Calderón (...), con el mismo espíritu de honor y galantería, con los mismos requiebros y bravezas expresados en versos ampulosos, floridos y bien sonantes, de aquellos que casi nadie sabía hacer sino Huerta (...).