Benito
Arias Montano
Fregenal de la Sierra, 1527- Sevila, 1598.
Uno
de los hombres más cultos y sabios del panorama intelectual español
del siglo XVI se llamó Benito Arias Montano, y fue un extremeño
nacido en Fregenal de la Sierra. Por desgracia -para los extremeños y
para todos los españoles- su figura y su obra son prácticamente
desconocidas salvo en círculos minoritarios y, sin embargo, es una de
las figuras básicas del humanismo español
y su importancia política, cultural y religiosa en el Reinado de Felipe
II fue extraordinaria. El investigador extremeño Manuel Pecellín
Lancharro, resume de la siguiente forma la ingente labor del sabio frexnense:
El genio de Arias lo hizo capaz de discutir la traducción correcta de
un verbo hebreo o griego y de calcular con sus tecas, astrolabios y cuadrantes
las más difíciles medidas; de bocetar los dibujos para la Biblia
de Amberes y de interesarse por los nuevos estudios biológicos; de escribir
sublimes versos latinos y de cultivar legumbres en su huerto de Aracena; de
aconsejar a Zayas, Secretario del Rey, y curar los males de un campesino serrano;
de comentar un texto bíblico y dirigir a FELIPE II un razonado análisis
de la situación política en Flandes; de hablar en Trento y reunirse
clandestinamente en el Escorial con los miembros de la Familia Charitatis.
No es de extrañar, pues, que Lope de Vega, en sus Rimas humanas
hiciera de él este elocuente elogio:
Aquí Montano reposa,
de la Biblia sacra un sol,
un Jerónimo español
y un David en verso y prosa.
No se acabará jamás,
aunque en estas losas cupo,
que si muchas lenguas supo
son las que le alaban más.
Como
ya hemos dicho, Arias Montano nació en Fregenal de la Sierra en el año
de 1527, bajo el reinado de Carlos V. Su familia pertenecía a la pequeña
nobleza, aunque su situación económica no era excesivamente buena,
por lo que el padre se ganaba la vida, irónicamente, como notario de
la Inquisición. Decimos irónicamente porque,
además de las sospechas que la obra de Arias Montano despertó
en vida, ocho años después de su muerte todos sus libros fueron
prohibidos por el Santo Oficio, aunque, gracias a la influencia de algunos de
sus discípulos, se suavizó posteriormente la condena.
Algunos estudiosos -entre
ellos Américo Castro- se han empeñado en afirmar que Arias Montano
procedía de una familia de judíos conversos. Sin embargo, hay
que decir que en el estado actual de las investigaciones no existen pruebas
concluyentes que nos permitan afirmar tal ascendencia, aunque sí es cierto
que en su vida existen detalles y actitudes que pueden suscitar ciertas dudas
al respecto.
La vida fecunda de Arias Montano se asentó sobre
una larga y sólida formación, y como muchos otros habitantes de
la Baja Extremadura a lo largo de los siglos, el joven Montano inicia en Sevilla
sus estudios gracias a la protección de un pariente acomodado. Buena
prueba de su capacidad intelectual y de su esfuerzo personal es la publicación,
a los catorce años, de un trabajo de carácter científico:
Discurso del valor y correspondencia de las antiguas monedas castellanas
con las nuevas. Evidentemente, se trata de un trabajo juvenil que ya muestra
en ciernes el gusto investigador de nuestro personaje.
En
1546 lo encontramos cursando Artes en la Universidad de Sevilla, pero ya en
1550 aparece matriculado en la de Alcalá. Los años que Montano
pase en Alcalá de Henares van a ser decisivos para su formación
intelectual y humanística: estudia lenguas semíticas (hebreo,
arameo, etc.); domina el griego y el latín; profundiza en el espíritu
humanista y se inicia en los secretos de la filología
comparada, pero, sobre todo, Arias Montano aprende en Alcalá el secreto
de trabajar codo con codo junto a estudiosos de diferente ideología,
abriendo su mente y su espíritu a las aportaciones de los demás,
al margen de su nacionalidad, de su confesión religiosa o de su ideario
político. Esto, en una época en que la Inquisición
vigilaba estrechamente a los intelectuales, y muy especialmente a aquellos que
trabajaban en el análisis e interpretación de la Biblia, era sumamente
peligroso. Fue aquí, precisamente, donde Arias Montano conoció
a Fray Luis de León, a quien le uniría una gran amistad el resto
de su vida. El monje agustino había acudido a la universidad de Alcalá
atraído por el nombre de Fray Cipriano de la Huerga, catedrático
de Biblia, tema que interesaba profundamente al joven estudiante y que, con
el tiempo, habría de causarle más de un problema con el Santo
Oficio. En resumen, los años pasados en Alcalá van a hacer de
Montano un sabio humanista, un especialista en lenguas
semíticas y uno de los mayores expertos en el conocimiento de la Biblia
que ha dado nuestro país.
También
se despertó en él, ya en estos años de juventud, el gusto
por la creación literaria, hasta el punto de que dedica un día
a la semana a la composición de poemas latinos para lo que tenía,
según parece, una habilidad excepcional. De hecho, en las fiestas del
Corpus del año 1552 fue coronado como poeta laureatus por la Universidad
Complutense.
Tras los años de Alcalá se abre la etapa
más desconocida en la vida de Arias Montano. No obstante, sabemos que
viajó durante algún tiempo por Italia y que impartió algunos
cursos en la Universidad de Salamanca con gran éxito, según parece,
entre los alumnos. Sin embargo, las disputas y conflictos universitarios alejaron
de las aulas a quien con toda seguridad hubiera sido un excelente maestro y
catedrático. Probablemente, también pasó largos periodos
dedicado al estudio y a la lectura en la Peña de Aracena, residencia
campestre situada al sur de la provincia de Badajoz y que Arias Montano había
heredado. Este enclave, agreste y hermoso, fue siempre muy querido por nuestro
sabio. En medio de su frenética actividad posterior, Arias Montano añorará
con frecuencia la paz y el sosiego de la Peña:
Quien las graves congojas huir desea
de que está nuestra vida siempre llena,
ame la soledad quieta, amena,
donde las ocasiones nunca vea.
A
la edad de treinta años fue ordenado sacerdote y admitido en la prestigiosa
Orden de Santiago tras un exhaustivo proceso para establecer su limpieza de
sangre. Arias Montano manifestó siempre a lo largo de su vida una gran
satisfacción por pertenecer a la Orden, teniendo el hábito
tan legítimamente como cualesquiera. El clérigo Montano llevó
siempre una vida personal sumamente austera. He aquí lo que cuenta de
él uno de sus discípulos: A partir de este
momento, podemos decir que el periodo de formación de Arias
Montano, sin duda largo e intenso, está concluido. Su vida va
a dar un cambio radical y se verá inmerso en una actividad
desbordante que durará aproximadamente unos treinta años:
es la etapa pública de Montano. He aquí los momentos y
hechos más sobresalientes de estos años apasionantes:
Sin
duda debido a la fama de sus conocimientos es elegido miembro de la delegación
española que asiste al Concilio de Trento, en concreto como asesor del
obispo Martín Pérez de Ayala. Pronunció dos discursos ante
el pleno de los delegados, uno de ellos, curiosamente, sobre un tema tan actual
como el del divorcio. Su excelente dominio del latín hizo que fuera el
orador español más escuchado, según afirman los documentos
de la época.
Es nombrado
capellán real por Felipe II quien, además, le otorga
una pensión anual como prueba de gratitud por los servicios
prestados.
En
1568 va a recibir Montano el encargo más decisivo de su vida: la dirección
de la Biblia Políglota (también conocida como Biblia
Regia de Amberes o Biblia de Arias Montano). Para entender la exigencia
de esta labor, hay que hacer un poco de historia. En el año 1517 se publicó
en Alcalá la Biblia Complutense, bajo el patrocinio de los Reyes
Católicos. Felipe II, no queriendo ser menos que sus antecesores, aceptó
el ofrecimiento del impresor flamenco Cristophe Plantin para publicar la Biblia
en varias lenguas distintas (de ahí el nombre de políglota):
latín, griego, hebreo, etc. Con esta obra inmensa se intentaba dar una
respuesta, desde el lado católico, a los estudios e investigaciones bíblicas
realizados desde el campo protestante.
Tras
consultar con teólogos de la Universidad de Salamanca y de Alcalá,
Felipe II dio el visto bueno a la obra y encomendó la dirección
y supervisión de la misma a Arias Montano. Para ello, el humanista español
debe trasladarse a Amberes donde va a trabajar en un ambiente intelectual muy
liberal y profundamente influido por las tesis de Erasmo de Rotterdam.
Arias Montano conectó inmediatamente con Plantino y con el resto de estudiosos
que trabajan en tan magna obra. He aquí lo que al respecto escribe a
Zayas, secretario de Felipe II: Ha juntado Dios en esta villa hombres los
cuales me ayudan en esta obra y entienden de la corrección della
de los cuales oso afirmar sin ninguna duda que en ninguna provincia, en ningún
siglo se han hallado cinco hombres juntos de mejor condición en las lenguas,
de mejor zelo en la religión católica, de mejor y más continuo
trabajo ni de mejor diligencia.
La
Biblia de Amberes, a pesar de tener poderosos protectores, no fue aceptada
en principio por Roma. El problema era siempre el mismo: la Iglesia sólo
reconocía como auténtica la Biblia conocida normalmente
como Vulgata, que era la traducción de los textos sagrados que
hizo San Jerónimo al latín. Por eso, los intentos de partir del
texto original o de interpretar las Sagradas Escrituras con criterios filológicos,
chocaban siempre con la negativa de las autoridades eclesiásticas. No
obstante, el interés del rey Felipe en esta obra consiguió arrancar
del Papa el permiso oficial para su circulación.
Siete años
permaneció Benito Arias en Flandes, territorio en el que se
producía una violenta rebelión contra la dominación
española, de tal forma que se alternaban los momentos de paz
impuesta con los episodios más cruentos de la guerra
declarada. Montano no permaneció al margen del conflicto, ya
que fue nombrado por Felipe II Consejero del gobernador español,
que en aquel momento era Fernando Álvarez de Toledo, Duque de
Alba. La actitud de Montano sobre este grave tema va a ir
experimentando una profunda evolución a lo largo de los años
que permaneció en Amberes.
En un primer
momento, su admiración hacia el Duque de Alba y hacia su
política de mano dura con los rebeldes fue absoluta. Sin
embargo, Montano, desde su perspectiva de intelectual, más
amplia que la visión estrictamente militar del Duque de ALBA,
propuso una serie de medidas tendentes a resolver el conflicto entre
flamencos y españoles. Y así, sugirió reformar
el sistema educativo, realizar intercambios de estudiantes entre los
Países Bajos y España, crear una cátedra de
español en la Universidad de Lovaina, etc. Sobre todo esto es
interesantísima la carta que Arias
Montano dirige al Duque de Alba el 18 de Marzo de 1570. Se podrá
observar que Arias Montano, como buen humanista, concede al
conocimiento y al estudio una importancia fundamental a la hora de
resolver los gravísimos problemas políticos, militares
y religiosos con los que España se enfrentaba en los Países
Bajos. Hay que señalar, no obstante, que muy pocos de estos
proyectos se llevaron a cabo. La lógica de la confrontación
política y militar se impuso, una vez más, sobre la
lógica de la razón y del mutuo conocimiento.
Cuando
el Duque de Alba fue sustituido por Luis de Requesens, Arias Montano continuó
ejerciendo su alto cargo de Consejero, intentando que sus ideas pacificadoras
tuvieran éxito. Por desgracia, los graves errores cometidos por la administración
española y el nulo interés de la nobleza holandesa por la paz
hicieron inútiles todos estos esfuerzos.
Si nos hemos detenido con amplitud en este punto ha sido para dejar patente la importancia que el sabio extremeño tuvo a la hora de definir la política española con respecto a los Países Bajos, sin embargo su actuación ha merecido, hasta el momento, escaso interés por parte de los estudiosos. Hemos de agradecer que hayan sido autores holandeses, precisamente, los que han puesto de manifiesto la actividad política de Montano en los Países Bajos.
Ahora bien, en relación con la estancia del humanista
frexnense en Amberes, debemos referirnos a otro hecho que fue decisivo en la
evolución religiosa, intelectual y espiritual de Benito Arias: su pertenencia
a una sociedad secreta de matiz religioso denominada Familia Charitatis
(Familia del Amor). Montano fue captado para esta secta por su amigo
Plantino, aunque, en realidad, la mayor parte de los intelectuales con los que
Arias se relacionó en Amberes pertenecía secretamente a la Familia.
Lo que en esencia defendían era que el ser humano debe escuchar la voz
de Dios en la interioridad de su propio corazón y unirse directamente
al Creador. El hecho de pertenecer a una confesión religiosa concreta
(catolicismo, protestantismo, etc.) era totalmente indiferente. Su ideal era
una vida serena dedicada íntegramente al estudio intelectual y al cultivo
de la espiritualidad interior.
Arias
Montano, por su parte, en su afán por extender estas ideas, formó
posteriormente entre los monjes del Escorial una célula de adeptos a
la Familia del Amor, y ya en los últimos años de su vida
organizó otros dos grupos secretos; uno de ellos en la ciudad de Sevilla.
Ajeno a las ideas
y fidelidades de Arias Montano, Felipe II decidió dar por
concluida la estancia del humanista extremeño
en Flandes y le nombró director de la Real Biblioteca del
Escorial, cargo en el que permaneció más de diez años
y en el que nunca se sintió realmente a gusto. Arias Montano
siguió, no obstante, con su labor investigadora y creadora al
tiempo que, como ya hemos dicho, creaba entre los monjes del Escorial
un grupo de seguidores de la Familia Charitatis. Es chocante,
cuando menos, que Arias Montano pasase del todo desapercibido en esta
labor secreta estando al lado mismo del Rey de España,
que en cuestiones de fe y religión no admitía
vacilaciones.
Finalmente, acaso
por perder la confianza del Rey Felipe, Montano se vio libre de todos
los cargos y empleos oficiales y pudo retirarse a su heredad
extremeña, dedicado al estudio, a la investigación y a
la creación de libros de muy diversa temática. Sin
embargo, tenía obligaciones reales con respecto al monasterio
de Santiago de Sevilla, del que fue nombrado prior, pero es que,
además, Felipe II requería constantemente su presencia
en la corte para consultarle y pedirle asesoramiento sobre las más
diversas cuestiones, considerando que Montano, aparte de la sabiduría
y la experiencia adquiridas a lo largo de toda una vida, estaba ya,
por su edad y por su propia actitud, más allá de toda
ambición personal.
Arias Montano
murió en Sevilla el 6 de Julio de 1598, en casa de unos
amigos, adonde se había hecho trasladar al sentirse enfermo.
Allí,
serenísimo, dejó huérfana a España el
eximio doctor Benito Arias Montano, viajero incansable, bibliógrafo,
teólogo, filósofo, científico, escriturario y
poeta de primer orden, doctor laureatus en lenguas semíticas y
políglota de modernas, autor de más de cien obras y
tratados, consejero de FELIPE II, Comendador de la Orden de Santiago,
embajador, supervisor general de la Biblia Políglota de
Amberes, Bibliotecario Mayor de El Escorial, Capellán Real y
sabio universal (Barón de Hakeldama &
Avantos Swan). Su cuerpo está enterrado en la cripta de la
Iglesia de la Universidad sevillana. Digno descanso para quien
siempre vivió inmerso en el mundo de los libros, del
conocimiento y de la sabiduría.
La
obra escrita de Montano es inmensa. En sus libros abordó multitud de
temas y materias, buena prueba de su insaciable curiosidad y de ese hondo anhelo
que todo humanista sentía por abarcar cuanto el
conocimiento humano había descubierto. Para nuestra desgracia, la mayor
parte de la producción de Arias Montano está escrita en latín,
aunque también en castellano nos dejó hermosos textos.
Por otro lado, es
preciso señalar que la casi toda su obra es de carácter
religioso, cosa lógica si tenemos en cuenta las
preocupaciones, anhelos y sentimientos del autor extremeño. Su
honda religiosidad personal se plasmó en magníficos
comentarios a los textos bíblicos o en versos donde se une
toda la fuerza creadora del Renacimiento con sus creencias más
personales y profundas.
Sin embargo, no
resulta nada lógico que la inmensa mayoría de los
textos de Arias Montano jamás haya sido publicada. En vida del
autor, casi siempre en la imprenta de su amigo Plantino, vieron la
luz un pequeño número de originales, algunos de los
cuales tuvieron amplia difusión y fueron traducidos al francés
o al holandés. El resto de la obra montaniana permanece
inédita. En este sentido es triste señalar que si el
propio autor es un perfecto desconocido, salvo en círculos muy
restringidos, más desconocida es aún la obra que creó.
Y esto, a pesar de que, como hemos visto, fue uno de los españoles
más influyentes de su tiempo y uno de los pocos a los que se
puede adjudicar con verdadera justicia el título de
humanista.
En las siguientes
líneas vamos a tratar de dar una visión panorámica
de la obra de Arias Montano, teniendo en cuenta que muchos de los
libros que vamos a señalar están, como ya hemos dicho,
inéditos.
OBRAS ESCRITAS EN LATÍN
Diversas
colecciones de poemas, entre las que podemos señalar las
tituladas Hymni et Saecula; Rethoricorum Libri IV, conjunto de
versos de carácter didáctico, y Humanae Salutis
Monumenta, colección de poemas devotos. En opinión
de la crítica se trata de algunos de los mejores versos
latinos que se escribieron en todo el Renacimiento español. La
facilidad de Arias Montano para los metros clásicos y su
fluidez y colorido son sus mejores virtudes desde el punto de vista
literario.
Estudios
Bíblicos. La amplia formación de Montano como
biblista y experto en lenguas orientales le permitió realizar
análisis muy científicos y comentarios sumamente
originales de diversos libros de la Sagrada Escritura. Señalemos,
a título de ejemplo, los Comentarios a los doce Profetas;
Comentarios a los Cuatro Evangelios; Comentarios a los treinta y un
primeros Salmos de David; etc.
En muchas de estas
obras vertió Montano algunas de las ideas que animaban a los
miembros de la Familia del Amor y fueron estos libros, entre
otros, las que movieron a la Inquisición
a prohibir el conjunto de su producción años después
de su muerte.
Estudios de
carácter científico, compuestos básicamente
en los últimos años de su vida y en su retiro de la
Peña de Aracena. El Liber Generationis et Regenerationis
Adam... es la primera parte de una gran obra que Arias Montano
tenía en proyecto. Este volumen es la historia del género
humano desde Adán hasta la Resurrección de Cristo.
Naturae Historia es la segunda parte de la obra proyectada. Se
trata de clasificaciones y estudios de fenómenos físicos,
biológicos y astronómicas. Fue publicada tras la muerte
de su autor.
Tratados
filológicos, fruto, muchos de ellos, de la capacidad de
Arias Montano para los idiomas. Citemos, entro otras, su Gramática
hebrea, Sobre la ortografía italiana y el Tratado de
figuras retóricas.
Tratados
piadosos entre los que cabe destacar el Dictatum Christianum,
libro de claras resonancias erasmistas y pietistas; Tratado de
perfección cristiana y la Christi Jesu Vita, es
decir, una vida de Cristo. Los dos primeros libros tuvieron una
amplia difusión tanto en España como en Centro Europa.
Tratados de diversa temática. Señalemos
a título de ejemplo su estudio Sobre la Ética de Aristóteles
o De optimo Imperio, libro en el que Arias Montano expone sus ideas políticas
basadas en la Biblia.
OBRAS
ESCRITAS EN CASTELLANO
Como hemos dicho
más arriba, la producción castellana de Arias Montano
es mucho más reducida que su obra en latín. En cierto
sentido se trata de una obra menor aunque en absoluto
desdeñable. Por un lado, el autor frexnense realizó
traducciones de diversos textos bíblicos, aunque, en este
caso, el término traducción no da idea exacta
de la labor de Montano. En efecto, Montano
es, -afirma
Cristóbal Cuevas- sobre
todo, un magnífico parafraseador de poesía bíblica,
siendo sus traducciones verdaderas re-creaciones, en que
el exotismo hebreo se alía, con innegable encanto, a los
recuerdos de Virgilio, Horacio, Petrarca, Sannazaro, Garcilaso y
Fray Luis. Ello se debe a su deseo de actualizar la Biblia desde la
sensibilidad moderna, no retrocediendo ni ante la versión
resueltamente eglógica del Cantar de los cantares [
] Con
muy feliz sentido del ritmo, Montano emplea estrofas aliradas,
tercetos encadenados, versos sáfico- adónicos,
estancias, liras propiamente dichas, octavas reales, etc., con claras
reminiscencias luisianas.
Entre estas
originales traducciones hay que señalar su versión del
Miserere, que es el Salmo cincuenta de David, y otras
magníficas versiones métricas de distintos Salmos, como
el Salmo 18, que tiene la
particularidad de estar escrito en un tipo de estrofa bastante
inusual: la llamada estrofa sáfica, formada por tres
endecasílabos sáficos (con acentos en la cuarta
y la octava sílabas, o bien en la cuarta y la sexta) más
un verso pentasílabo adónico.
Pero es, quizá,
en su versión personal del Cantar de los
cantares donde Arias Montano despliega toda su
capacidad creativa y expresiva. Como ya sabemos, aunque en su origen
el libro tiene un sentido espiritual -la unión del alma y
Dios- en su estructura externa se trata de un poema intensamente
amoroso. La similitud con las églogas pastoriles, tan
características del Renacimiento español, es evidente.
Sin embargo, frente al tópico renacentista de la belleza
femenina, este poema se muestra mucho más sensual, y glorifica
atributos externos de la amada impensables en Garcilaso o en
cualquier otro poeta renacentista: la
redondez de el muslo, el ombligo
como una bella luna en redondeza, el vientre
como un montón de trigo
que en belleza envuelto viene,
los pechos
como dos cabritos saltadores
bellos son en demasía.
Es cierto que aparecen elementos usuales en el ideal femenino de
belleza, como el cuello blanco y erguido, los ojos claros y
refulgentes y el pelo rubio, pero en general el retrato y los
diálogos entre los enamorados transmite una carga de
sensualidad muy intensa.
Pero también
escribió diversos poemas originales en
castellano. Básicamente se trata de una
pequeña colección de sonetos, la mayoría
inclusos en libros de amigos, por lo que son, más bien, poemas
de circunstancias. Es autor también de algún poema más
extenso. Ciertamente, si la comparamos con su obra literaria en
latín, debemos considerar su creación en castellano
como muy escasa.
Es autor también
Arias Montano de un poema extenso que lleva por título
De la hermosura exterior de Nuestra Señora.
Durante mucho tiempo se creyó que el autor de esta
composición había sido Fray Luis De León -tal es
la calidad de sus versos- sin embargo la crítica actual no
tiene duda sobre la autoría de Montano. En el poema, el autor,
utilizando la lira como vehículo expresivo, nos proporciona un
retrato externo de la Virgen lleno de espiritual sensualidad. Se
puede observar cómo el poeta ha dotado a María de
todos los atributos que configuran el tópico renacentista de
la belleza femenina: mejillas blancas y arreboladas (recordemos la
rosa y la azucena garcilasianas), cabellos rubios,
labios rojos, cuello erguido, etc.
Es sumamente
llamativo que Arias se detenga incluso en la descripción de
los pechos o el vientre de la Virgen. Ni siquiera los poetas que
cantaban al amor profano, como hemos comentado ya, se atrevían
a tanto en el siglo XVI. La razón de esta audacia, cuando
menos curiosa, hay que buscarla en el hecho de que el autor extremeño
no puede olvidar sus orígenes de biblista y ello hace que la
fuente del retrato de María sea el Cantar de
los cantares donde, sí aparece una gozosa
descripción del vientre y de los pechos de la amada.
Dotado de gran
facilidad para escribir en verso, Montano, por la razón que
sea, prefirió verter sus inquietudes líricas en latín.
Por otro lado el tema religioso, prácticamente exclusivo en
sus poesías castellanas, nos da una imagen muy parcial de
Arias Montano como poeta en lengua española y no nos permite
hacernos una idea exacta de todas sus posibilidades creativas.
MONTANO, junto con
El Brocense y Francisco de
Aldana, fue la gran aportación de Extremadura al
humanismo y a la poesía del siglo XVI.
Pero como tantos otros hijos de esta tierra, ilustres o no, vivió,
trabajó y murió lejos de ella.
A.A.M.